miércoles, 25 de noviembre de 2015

WELCOME TO THE JUNGLE


Es muy fácil editorializar una derrota. Sólo hace falta señalar lo que se hizo mal y con eso se obtiene licencia de analista agudo y reflexivo. Otro tanto para los triunfos, que de por sí no necesitan explicación alguna y en el mejor de los casos pueden implicar expectativas de onerosos contratos. El blanco y el negro sólo guardan información redundante y a lo mejor inútil. El interés científico se encuentra en los grises, ya que en esta infinidad de tonos se expresa la enormidad del universo. Acá vamos.


Mauricio Macri ganó. Si alguno no se enteró, que lea cualquier diario o prenda un rato la tele. Ganó por dos puntos y medio -con el resultado pendiente de escrutinio definitivo- y ese exiguo margen resulta suficiente para quedarse con el manejo del aparato estatal ya que como en tantos otros ámbitos de la vida, winner takes all.

Después de doce años de hegemonía política indiscutida el Kirchnerismo a través de su adoquín Daniel Scioli se despidió de la gestión obteniendo un 48,6% de los votos válidos emitidos (cifra pendiente de recuento definitivo). Abandona el poder con 65% en La Matanza, 60% en la tercera sección electoral de la Provincia de Buenos Aires y 35% en la Capital Federal. Se da el lujo de obtener un millón de votos más que en el 2011, perfomance electoral que se puede reputar como la mejor en toda su trayectoria. 6 puntos menos en Córdoba y 4 más en Santa Fe. 4 menos en Provincia de Buenos Aires. Nada mal para 12 años en la gestión, serios problemas económicos y un avanzado cuadro de autismo. Muy malo para mantenerse a cargo del presupuesto público.

Se perdió la Provincia de Buenos Aires, como en 1983, pero el piso electoral del justicialismo no se vio seriamente perforado. Desgraciadamente se topó con un candidato opositor que obtuvo 700.000 votos más ya que, a diferencia de tantos otros años, la oposición encontró su Gran Esperanza Blanca que aglutinó todo el maremágnum de votos jamás antes alcanzado con el discurso incendiario.

Y elaborando una interpretación más abstracta y no por eso menos cierta, levantó en su entorno un frente del rechazo que le vedó la posibilidad de triunfar en un ballotage.  No resulta menos cierto que el resultado del Frente para la Victoria fue inflado por un frente del rechazo relativamente alto que ya genera el presidente electo sin haber transitado un día por el desgastante poder público nacional.


En la euforia televisiva del vencedor se deja ver, entonces, y para quien sepa leerlo, un dejo de preocupación. Porque como bien se sabe, la revolución (de la alegría) es muy romántica pero después hay que vivir en Cuba. ¿Y es acaso ese ajustado triunfo el que Macri necesitaba para llevar a fondo sus diabólicas transformaciones?

Si alguien me hubiera preguntado antes del Domingo, respondía sin dudar que este ballotage se resolvía en un 60/40 a favor de Macri. Tal vez sea optimismo bobo de un talibán. Pero este resultado -que es casi el 50/50 que ofrece una moneda al aire- grita a voces lo que nadie se atreve a decir. Las palabras más temidas por todo aquél que cree en la política. Y el mayor de los anhelos de toda corporación que no cree en ella. Gobierno débil.

Si el Frente para la Victoria se hubiera impuesto por igual margen, no se estaría terminando el escrutinio definitivo que ya la O.T.A.N. bombardearía el conurbano para eliminar células del Estado Islámico. Por imperio de injusticias propias de este país el mismo resultado es inobjetable si se invierten las fuerzas políticas. Pero para nada carente de consecuencias.

Donde se percibe una debilidad se abren grandes oportunidades de extorsión. Porque donde hay una necesidad, existe un negocio. Y donde un gobierno llega rengueando, Clarín te presta una muleta pero te la cobra. Y cuando se cansa la patea y te vas al piso sin escalas. Lo mismo aplica a los otros sectores de la economía.

Hasta el día de hoy, el presidente electo asumió con cifras no inferiores al 60% de los votos y ese enorme miembro viril electoral lo utilizó discrecionalmente para dirimir toda disidencia en el arenero político de la Ciudad de Buenos Aires. Otra será la historia el 10 de Diciembre.


El gobierno de Mauricio Macri no termina de festejar su triunfo y se inaugura con presiones corporativas. El campo reclamando garantías antes de liquidar 8.800 millones de dólares por exportaciones. Radicales envalentonados que se sienten mal pagados por la distribución de cargos públicos. Editoriales de La Nación que rinden homenaje a su histórica línea ideológica. Desavenencias con el grupo Techint y un fallo de la Corte Suprema que pone en aprietos la solvencia financiera del régimen de seguridad social nacional (Esto último no es nada que no se resuelva sentándose con Lorenzetti y prometiéndose concesiones recíprocas ya que estamos ante el presidente de la Corte Suprema maś político de la historia reciente).


Éste es el día de pago para todos los sectores que encontraron en el kirchnerismo un interlocutor demasiado duro. Y para todos aquellos que buscaban diálogo, bueno. Acá está. El sueño se hizo realidad. Bienvenidos a la aldea ingobernable. Resultará mejor para el propio Mauricio Macri que aprenda a poner límites a estos reclamos, porque bajándose los pantalones en todas no se llega a cumplir cuatro años. Ni Ménem lo hizo.

Y si se pretende construir una legitimidad mayor al 50/50 que permita llegar a buen puerto, cabrá preguntarse entonces qué fue lo que hizo que un ciclo político que inició con 22% de los votos haya atravesado 12 años y se despida con 48,6%. A veces hay que cagarse a bifes con los poderosos y no sólo con los pobres. Así entonces, tal vez se aprende a ser un estadista. Aunque sea uno de derecha.


Por último, vale recordar a quienes comparten mi credo justicialista que -como bien nos enseñó el Dr. Manhattan- nada termina. Nunca. El peronismo sigue existiendo, lo demuestra el resultado electoral. Y alguien tiene que estar ahí siempre, unido y organizado, marcándole límites a un gobierno flojo de legitimidad y muy entusiasmado por bajarse los pantalones ante las presiones corporativas de los grupos económicos. Es eso o admitir que toda esta militancia de los últimos años no fue más que un viaje de egresados. Y me niego a creer que fue eso.

Viva Perón. Y también Kropotkin.

domingo, 15 de noviembre de 2015

NATURAL BORN KILLERS


Hola, soy Patricio Santos Fontanet, maté más gente que:

El clan Puccio,
Robledo Puch,
El Petiso Orejudo,
Los 12 apóstoles,
El avión de LAPA,
Cualquier accidente aéreo,
Gildo Insfrán,
Cristian Favale,
José Ángel Pedraza,
La puerta 12,
Los capos de la barra de Boca,
Agustín Orión,
La gripe A,
Los narcos de Ayotzinapa,
Jorge Mangeri,
Los yankees en Granada,
Cualquier inundación,
Luca Brasi,
La pendeja de La Llamada 1 y 2,
El salmón de criadero,
Las madres que no compran Lisoform para cuidar a sus hijos (malas madres),
Los velocirraptores de Jurassic Park,
Shang Tsung,
Gregor Clegane (La Montaña),
Los jihadistas de París,
Los que se cargaron a los giles de Charlie Hebdo,
100 menos que los persas en Termópilas,
por supuesto, mucho menos que Troszky,

y sigo libre! Los franceses lloran por cualquier cosa...

lunes, 26 de octubre de 2015

BASTA DE CULPAR A CARTA ABIERTA


Es muy difícil hacerse el superado cuando algo realmente te importa. La verdad que nada útil se puede escribir a esta hora sin que se exprese lo emocional, la tristeza o el resentimiento. Pero acá va un intento.

Le pifiamos. Se le quiso enseñar al pueblo lo que el pueblo siente desde twitter y cátedras libres de cultura popular que se dictan en una facultad a la que el pueblo ni se asoma. Mucho House of Cards. Muy poca realpolitik. 

Porque pensémoslo bien: ¿A quién le gustan Los Pimpinela, o Ricardo Montaner, hoy en Octubre de 2015? Una cosa es ser mersón y otra muy diferente es ser un descerebrado. El candidato que elegimos es un ensayo de populismo elaborado en el laboratorio de los becarios de Alabarces, y al parecer allá no distinguen muy bien la diferencia.

Y lo que es peor, subestimamos al pueblo. Desde el ideario de una clase media sobrepolitizada elegimos un sujeto que a priori asumimos como popular, sin mayor base empírica que unos resultados electorales del 2011. Una caricatura que nos hacemos de lo que es el hombre común. Y como toda caricatura es burda, anacrónica y delirable. Pero lo más grave de todo, fantasiosa.

No hablamos de política. Total, no pasa nada, al pueblo no le importa la política, mira a Tinelli. Error garrafal en vista de los 12 años que gobernó un populismo que con su hiperpolitización llegó a obtener resultados de 54%.

¿Hablar de política es hablar de Habermas o Arendt? No. Hablar de política es hablar de problemas concretos. De cosas que a la gente le joden, y que te llevan a salir un domingo de tu casa y votar. Massa habló más de política en toda esta campaña que Scioli. Dijo barbaridades, propuso matar, bajar aviones y proyectos que en general no pasan un control de constitucionalidad. Pero dijo algo. Y hoy desde la nada misma se levantó un quincho con parrilla que nos hizo tambalear la hipótesis de continuidad. ¿El pueblo es facho por elegir esto? Sí y no. Lo que es seguro es que la política le interesa.

Macri fue político. Prometió algo tan vacío como un cambio, sin profundizar en detalles. Pero prometió. Fue el verbo cuando nosotros nos conformamos con ser un sustantivo. Nuestra fascinación con la retórica nos hizo creer que se trataba de una cuestión sustantiva, cuando Néstor y Cristina fueron dos verbos brutales que signaron la política argentina de los últimos 12 años.

Hasta el día de ayer redujimos la campaña a un problema estético. Quiero creer que esta confusión terminó en este mismo momento. Porque los votos están ahí, y no son estáticos. Queda casi un mes. No los vamos a ganar suspendiendo la discusión política y despejando las preguntas con una sonrisa de colgate whitening (aclaro que con esto no abogo por asistir a un debate que tuvo menos rating que el fútbol).

Vamos a tener que mirar a la gente y hablarle de algo. Prometerle ir a algún lado, quién sabe dónde pero un lugar distinto. Aunque sea una tierra de fantasía, algo mucho mejor que lo mismo pero con música de los Pimpinela. La gente se merece soñar con algo mejor. Aunque después se la violen. Porque, después de todo, qué es un político sino un tipo que te promete que te va a llevar de un punto A a un punto B.

El peronismo es la expresión política de aquéllos que no cursaron Ciencia Política. Y es profundamente político. Paradójicamente nos pasamos 12 años politizando a una sociedad para después proponerle no hablar más de política.

Es la hora de volver a ser políticos. Eso o seguir tratando a todos de imbéciles y conformarnos con la frustración de aquéllos años en los que intentamos ser grasas pero el pueblo nos falló y se casó con el empresario exitoso. Un lugar muy cómodo para todo aquél que tiene vocación de veterano alfonsinista.

Nota aparte, un reconocimiento especial para todos aquellos sectores progresistas de grandes centros urbanos que con enorme madurez política sentaron su posición, pero dejaron de lado sus resquemores estéticos y votaron a Scioli. Dejen de putear a 678 y a Horacio González que hoy no fue ése el problema. Esos votos no fallaron.

(DICHO SEA DE PASO, LEER ESTO DEL 12/14 Y NO DIGAN QUE NO SE AVISÓ).

Gestas Históricas

PROPAGANDA LIBERTARIA EN LA BLOGÓSFERA