martes, 30 de diciembre de 2014

ETERNOS OPOSITORES

Previo a todo trámite voy a aclarar que éste no se trata de un requiem más para las víctimas de Cromagnón. No los necesitan, ya tuvieron suficientes. El resto lo debería hacer la justicia, y no existirá algo siquiera parecido a tal cosa hasta que Pato Fontanet no esté preso. Si buscan otra cosa, aborten ya esta lectura y busquen algo más llorón e hipócrita.

Ahora podemos proseguir, advirtiendo que la solemnidad que habitualmente se le asigna al tema no es el fuerte de esta publicación, pero dejando bien claro que nada de lo que acá se diga busca faltarle el respeto en ninguna forma a la memoria de quienes sufrieron esta tragedia o sus familiares, a quienes se les manda un fuerte abrazo.


Hoy, 30 de Diciembre de 2014, se cumplen 10 años del episodio trágico más absurdo y manoseado de la historia de la Ciudad de Buenos Aires, desde que ésta se da el lujo de autodefinirse como Autónoma.

No se puede discutir con 200 muertos. No hay argumento republicano que frene el clamor de sangre que esto genera, ni dispositivo político capaz de frenar un embate así. Si vamos a discutir milímetros y centímetros, podemos decir que con complicidad mediática todo pasa, y que algo así le puede ocurrir cualquier día de éstos al Ing. Macri. Haríamos entonces un ejercicio contrafáctico sobre cómo responderían las diversas agencias que intervinieron en el proceso que redundó en la destitución del Dr. Aníbal Ibarra y hasta tal vez llegaríamos a la conclusión de que a Ibarra lo cagaron. Pero si hiciéramos esto seríamos unos pajeros, y para ello mejor consultar publicaciones especializadas en la materia como pornhub, redtube o xvideos. Y si tenemos algún mango de más, brazzers.

200 muertos no se discuten, sobre todo teniendo una legislatura adversa. Por que sí, es verdad, la legislatura le jugó en contra. Cabría entonces preguntarse qué tan favorable le puede resultar la legislatura a un personaje grotesco como Aníbal Ibarra, quien cimentó su carrera sobre una caza de brujas -a lo mejor merecida- contra Carlos Grosso, en el marco de una interna entre el entonces intendente y el para entonces presidente de la Nación (hablamos del año 1992).

La agencia política tenía que responder, y optó por el linchamiento institucional. Porque como se dijo antes, el público pedía sangre, y 200 muertos exigen que ruede una cabeza. Una al menos. Y rodó la cabeza de quien se lo tenía merecido. Éste no fue un acto de justicia. Al menos no para las víctimas de Cromagnon y sus familia. Fue un acto de justicia para los miles de enemigos que Ibarra se supo ganar durante su primavera política.


¿Es cruel? Tal vez. ¿Está mal? No lo sé. La agencia política no busca justicia (la agencia judicial evidentemente tampoco lo hace). La agencia política busca continuidad y gobernabilidad. Porque sin gobernabilidad no hay justicia posible que valga la pena ser vivida. Aníbal Ibarra ya no garantizaba esto último, y se lo soltó a los leones. Riesgos del oficio.

El kirchnerismo se encontraba en una encerrona, porque el entonces Presidente -quien también buscaba gobernabilidad- mantenía acuerdos coyunturales con el Jefe de Gobierno. Romperlos y soltarle la mano implicaría entregar la Ciudad en bandeja a un símbolo político opositor (el PRO, que entonces se llamaba Propuesta Republicana). Pero sostenerlo en su lugar implicaría algo peor, implicaría levantar la mano y decir: "Mozo, cárgueme estos 200 muertos a mi cuenta". Nadie con dos dedos de frente se pega un tiro en el pie, y Kirchner tenía al menos una palma entera.

La tragedia de Cromagnon demostró que gobernar la ciudad puede ser fácil pero no es gratis, y en una hipótesis de conflicto con los medios de comunicación puede convertirse en un verdadero lastre para quien intenta sostener la gobernabilidad de algo mucho más grande e importante como es el Gobierno de la Nación. Sumado a que -seamos sinceros- a Kirchner nunca le importó mucho la ciudad de los Capitalinos, la opción evidente era dejar todo suelto a las libres fuerzas del mercado persa que fue, es y será por siempre la legislatura porteña. Así ocurrió. Ibarra tenía los días contados.


La lógica de su razonamiento es válida. Si estás peleando la Libertadores no vas a ir a romperte la pierna para sacarle un empate a Olimpo en Bahía Blanca. El problema que subyace es que este hito político sentó la doctrina del kirchnerismo en la CABA por los años venideros: la doctrina del kiosquerismo legislativo, doctrina que se aplica al día de la fecha con valor de doctrina papal infalible y que da sustento ideológico al lugar de opositores que aceptamos en el nuevo Pacto de la Moncloa Porteña celebrado en 2007.

Porque desde el 2006 en adelante, y excluyendo el intento frustrado de Telerman de revertir esta tendencia, el oficialismo nacional no hizo más que presentar candidatos testimoniales ilustrados para perder honrosamente todas las elecciones a las que se presentó sin ningún intento serio de construir una fuerza política propia. O lo que es peor, cuidar PyMES legislativas de fuerzas políticas con olor a muerto (en el caso más burdo, olor a 200 muertos) adoptando el discurso llorón de los eternos opositores. Se consagró entonces el esquema diseñado por Alberto Fernández, quien luego de garantizar a Ibarra un gobierno de la concha de su hermana se vio eyectado del oficialismo y hoy debe andar buscando trabajo con el diario Clarín (y no precisamente con los clasificados).


La Ciudad de Buenos Aires tiene aproximadamente 2.890.151 habitantes. De éstos, algo así como la mitad votan y hoy tienen un Jefe de Gobierno opositor con elevadas chances de ser Presidente en 2015 (ya aportó uno en 1999 con nefastas y conocidas consecuencias). Recoleta y Belgrano son sólo dos barrios, y en el resto viven personas más o menos normales con gustos estéticos de los más diversos, y que si uno no les da bola no tardan en encontrar otro que los escuche.

Ah, y Ca$hejeros siempre fue una banda de mierda. Feliz año.

sábado, 20 de diciembre de 2014

SAME OLD, SAME OLD



Luego de festejar la caída del dictador Kadaffi, celebrar la revolución egipcia y firmarle certificado de defunción por enésima vez a los Estados Unidos de Norteamérica, las vanguardias intelectuales del pensamiento progresista se adelantan a los hechos y nos iluminan con reflexiones como la siguiente:

"Apoyada en sus inmensos recursos energéticos, Rusia es otra vez protagonista en el escenario internacional".

Para luego explayarse diciendo que:

"En un contexto de prolongada crisis en las viejas potencias y de conformación de un nuevo orden multipolar, Rusia tiene la oportunidad de recuperar su lugar central".

Como nos enseñó la Alemania de la década del 30, la educación mejora al ser humano y el staff del Dipló es un claro exponente de esta tendencia. Dicho en otras palabras, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que en lo que respecta a relaciones internacionales, esta gente la sabe lunga.

El único inconveniente es que se comieron un dato histórico algo relevante: esto ya pasó antes. El imperio ruso de entonces, que se encontraba registrado bajo la razón social URSS, se permitió un crecimiento fenomenal cabalgando sobre la renta extraordinaria de los hidrocarburos.

Y como todo período de crecimiento sostenido sobre la renta extraordinaria de algún commodity, en un momento alcanza sus límites, sobre todo cuando el precio internacional de este commodity vuelve a acomodarse.

Entonces podemos ver cómo el progresismo, tradicionalmente yeta, ve sus vaticinios refutados por la realidad misma cuando leemos que "el desplome de los precios del petróleo ha abierto una nueva fase en la crisis económica mundial en la que Rusia aparece como el primer país en sufrir sus consecuencias de una manera muy marcada, tanto en el plano social como en lo que hace al sector energético".


Yo soy de River. Sé muy bien lo que es no tener nada para festejar y aferrarse de cualquier cosa para poder tener una alegría (fui al Obelisco cuando campeonamos en el Nacional B).

Todos queremos que a Rusia le vaya bien, no sólo porque Putín nos cae bárbaro sino porque además un país clase media como el nuestro históricamente se desarrolla entre la grietas que abre la competencia entre dos grandes potencias -orden multipolar le gusta decir a esta gente-.

Pero seamos serios.  No es la primera vez que pasa esto. EEUU ya bombardeó todos los países que tenía que bombardear en los último 13 años para normalizar la relación con sus socios de Medio Oriente y el crudo volvió al precio que Occidente necesita.

Rusia está siendo aleccionada como ocurrió en tiempos de Reagan y en Roma ya existe otro Wojtyla que en los ratos en los que no mira fútbol se dedica a operar para aislar políticamente a los rusos del escenario internacional (Aunque debo reconocer que Bergoglio me compró un poco con eso de no recibir al Dalai Lama). 

Lo que ocurrió esta semana en Cuba -que se enrola en el marco del mismo proceso- no es un triunfo, es una desafortunada necesidad. La gran derrota es que para Cuba haya sido necesario buscar al vaticano como interlocutor y ceder diplomáticamente ante Estados Unidos. Porque éste es sólo el comienzo, y lo más probable es que el actual Papa juegue el rol de garante para que América Latina se acomode a la estrategia geopolítica de Washington, algo que más de una vez vivimos y muy pocas veces disfrutamos.

En lugar de festejar triunfos ajenos, mejor sería que nos pongamos a pensar qué vamos a hacer con Vaca Muerta si esta primavera del petróleo convencional se sostiene por mucho tiempo porque con la soja ya siamo fuora della copa, EEUU tiene medios que nosotros no para subsidiar sus propios emprendimientos de fracking y cuando este país se vaya al tacho Francisco no va a venir a rescatarnos.

domingo, 14 de diciembre de 2014

FLOWER POWER


"La Argentina tiene que cerrar la etapa de Derechos Humanos". De esta manera nos ilustra el domingo el genio político de Sergio Massa, sin dejar bien claro a qué se refiere. Asumo que se tratará de detener las investigaciones en las causas seguidas contra ex represores, y por Dios, no estará proponiendo que la República Argentina comience a violar una vez más los tratados internacionales.

Dudo siquiera que este adoquín tigrense sepa de qué esté hablando. Es más probable que sus asesores -los verdaderos estafadores detrás de todo esto- le hayan sugerido que salga a tirar una bomba de esta naturaleza, enganchándose en la polémica inaugurada por Mauricio Macri durante la semana pasada.

No vamos a negar que esta arista en el debate resulta tentadora para alrededor del 50% del electorado argentino. Seamos sinceros: el enano fascista existe, y todos podemos ser víctimas de él si nos descuidamos un segundo. Nada pierde Macri diciendo algo así, y ojo porque tampoco suma mucho. Más bien persigue tomar ese vapor de malestar contra el Gobierno Nacional que ya existe y condensarlo en caudal electoral, buscando que fluya hacia su bolsa de votos.

La verdad es que esta barbaridad pega. A mucha gente le gusta, y lo comparte por facebook. Miles de oficinistas esperando que por fin "alguien tenga huevos y lo diga". Puede ser que abusamos también de este tema. Y cuando se abusa tanto de algo, no tarda en volverse frívolo. Una parodia de sí mismo. O puede ser que no elegimos a los locutores apropiados para encararlo. Y en el peor de los casos podemos concluir que el argentino es una mierda, y que después de lo que pasó durante la dictadura no aprendimos nada. Esta última posibilidad bien puede ser cierta, pero de nada nos sirve pensarla porque igual, tenemos que ganar en el 2015.

El tigrense, un tipo más bien boludón, ve eso y quiere su parte. Pero es tarde. Siempre fue tarde. Massa ganó una legislativa en un distrito el año pasado, por márgenes estrechos. Como De Narváez en el 2009. Eso no lo hace candidato a presidente para el 2015. Eso lo hace sólo un candidato natural a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires más que se niega a ser sepultado en ese sarcófago electoral que es la Provincia más grande del País.

El candidato -y la verdadera amenaza para las ambiciones electorales del FPV- es Mauricio Macri. Siempre lo fue. Nunca hubo otro. Macri no es nuevo. Macri se viene instalando desde hace 20 años, desde que asumió la presidencia de Boca Juniors. Fue muy hábil en eso, ya que eligió un ámbito que lo proyecta hacia todo el país atravesando provincias y distritos. Si resulta cierto que son La Mitad mas Uno, entonces Macri viene trabajando sobre La Mitad mas Uno del electorado desde mucho antes que Massa, Scioli o la misma Cristina. Algunos se atreverán a decir que de esta Mitad mas Uno no todos votan presidentes, por no alcanzar la edad legal o por no ser naturales de la República. El Anarka prefiere no emitir opinión al respecto.

La cuestión es que Mauricio viene horadando su electorado desde el año 95, y lo hizo con bastante eficiencia. No tiene sentido enumerar las conquistas deportivas del club de la ribera durante su gestión. No necesita entonces instalarse porque ya está instaladísimo. Eso de que "en el interior nadie lo conoce" es una gilada. Todo aquél que conoce a Boca Juniors -la supuesta mitad mas uno de este país y países limítrofes- conoce a Mauricio Macri.

Por otro lado, se habla de que "le falta estructura partidaria". Nadie puede seriamente sostener un argumento así. Todos conocemos la naturaleza de nuestros condottieri electorales. Bien claro está que "la estructura" (o aparato) se consigue cuando se tiene con qué. Los intendentes y gobernadores son hombres prácticos, que miran las encuestas y actúan. Ninguno de ellos tiene fibra de capitán heróico que se hunde con su barco, porque saben bien que lo que no se consigue dentro del PJ, se consigue por afuera. Y nadie se quiere quedar afuera en este oficio.

Finalmente, su principal activo político es que en una hipótesis de ballotage no se estaría midiendo con Cristina, sino con un candidato que Cristina apoye. Y como dije alguna vez en esta publicación, desde que el Gral. Juan Domingo Proudhon murió en este país nadie es dueño de los votos. No se endosan, se tienen que ganar mano a mano, uno por uno. Cristina puede tener la mayor imagen positiva de todo el espectro electoral, pero cuando termina su mandato se la lleva a su casa y no se la deja a nadie.

Dentro de este panorama, Scioli no resulta un candidato competitivo. No sólo porque se ve desaventajado en el mano a mano, sino porque además Scioli gobierna hace 8 años la Provincia de Buenos Aires. Carga con todo el desgaste de la gestión en un provincia imposible, un distrito electoral en el que se incineran las aspiraciones electorales de cualquiera. Una toma de rehenes o un motín en una cárcel y se acabó.

El vecino bonaerense tiene trabajo, pero sigue teniendo villas e inseguridad, y quiere un cambio. Naturalmente lo va a querer. El mismo vecino -particularmente el del primer cordón, donde el PRO ya pudo instalar candidatos a intendente propios- ve que en Capital se vive mejor y no se detiene a pensar los motivos estructurales por los cuales la Ciudad de Buenos Aires se gobierna sola. Tampoco le importa mucho que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires clausure centros culturales. Scioli puede ganar en la PBA, pero Macri también junta votos allí, y como se ha demostrado en el año 1999, se puede ganar la Provincia y aún así perder el país.

Por otra parte, Scioli fuga votos propios. Los adictos al FPV somos un electorado pragmático, pero algunos no lo son tanto y no podemos erguirnos seriamente como el partido de los que creemos que los derechos humanos no son un curro detrás de un candidato como Mancuso. Ni siquiera es entonces un gran candidato para blindar lo que ya tenemos.

Pero aún blindándose los votos que ya son nuestros, en un escenario de ballotage -eventualidad que considero más que factible- Scioli necesariamente perdería con Macri, ya que estarían midiéndose dos candidatos de similar perfil, sólo que el primero cargaría con dos mochilas. El desgaste propio de 8 años de gestión en un distrito difícil y el desgaste ajeno de un gobierno nacional saliente que viene desde hace 12 años conformando un frente del rechazo. Este frente del rechazo se vería plenamente capitalizado por su rival cuando en plena campaña Scioli se vea constreñido a venderse como "la continuidad del proyecto" para ganar las PASO.

Paradójicamente, Scioli tendría mejores chances como candidato opositor que como candidato propio, pero gobierna un distrito que se hace cuesta arriba de gobernar si no se cuenta con el apoyo del Gobierno Federal. Nada más ni nada menos que un candidato imposible en una provincia imposible. ¿Cómo se puede gobernar la provincia que concentra casi la mitad de la población del país, cuando se percibe en concepto de coparticipación mucho menos que esa cifra? He ahí la explicación de por qué los Gobernadores de la PBA nunca llegan a presidentes. 


Queda un largo año por delante, y hay tiempo para seguir reforzando otras candidaturas. Capitanich (QEPD) era un gran candidato, pero aceptó el cargo equivocado en el momento equivocado, dedicándose a ser el mascarón de proa de un rompehielos ártico. Urribarri, seamos sinceros, si tuviéramos que filmar una película y necesitamos un actor para que interprete al presidente, no elegiríamos al entrerriano porque simplemente no tiene cara de presidente. No da el Physique du Role.

La esperanza para las aspiraciones electorales del FPV descansan -a mi soberbio entender- en Randazzo, que goza aún de la ventaja de ser alguien nuevo que gestionó con eficacia el tupper presupuestario que oportunamente se le asignó, y tiene la cara de nada necesaria para venderse como candidato "de centro". Eso sí, aún tiene muchos trenes que arreglar y muchos DNI's que repartir (entre ellos el mío que nunca lo renové), y prender velas para que no vuelvan a darse episodios como el de la terminal de la línea Sarmiento. 

Sea como fuere, es importante ganar las elecciones del 2015, no tanto por la enorme cantidad de motivos que son de público conocimiento, sino para evitar que en esta patria se sigan viendo imágenes como ésta:


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