
“las instituciones son del pueblo. Basta de intervenciones. Si estamos en un estado democrático, le pido que ayude a su pueblo correntino y devuelva las instituciones. Los productores, el pueblo, sabe administrar sus recursos. Porque son suyos. Ellos saben lo que necesitan, y saben como gastar los fondos que vienen del gobierno nacional repartiéndolo entre los que menos tienen sin ayuda de nadie”
Esto es lo más parecido a una definición de Federalismo que le pudimos encontrar a Alfredo De Angeli, luego de soportar sus constantes vómitos en cuanto micrófono se le acerca.
Pasando por alto el "enchastro" de mezclar federalismo con republicanismo barato y el uso difuso de la palabra democracia, seguimos sin entender qué nos quiere decir el desdentado gauchito garca cuando nos habla de esto.
Uno de los supuestos de nuestro federalismo es la resignación que hacen las provincias -sujetos federales de nuestro Estado- al derecho de aduanas (Art. 9 CN) y el monopolio que el Gobierno Federal tiene sobre los derechos de exportación e importación, del cual se obtienen fondos para proveer a los gastos de la Nación (Art. 4 CN). Estos fondos se manejan a discrecionalidad del Gobierno Federal, gobierno del cual participan las provincias a través de sus representantes en el Poder Legislativo.
Dentro de los márgenes de esta discrecionalidad -relegitimada cada 2 años en las urnas- se encuentra la potestad del Gobierno Federal para asignar recursos a una región u otra, en miras de proteger los intereses del conjunto e impedir los abusos de las provincias más fuertes por sobre las más débiles (económicamente débiles, claro). Con la reasignación de recursos de una provincia más rica hacia otra provincia más humilde, se busca también estimular el desarrollo de las regiones más atradas y saldar los déficits de las provincias con emergencias sociales.
Si al federalismo le arrancamos este elemento redistributivo (sí sí, redistribución de la riqueza) entonces nos encontramos con un federalismo que no sirve para nada, más que para mantener mercados cautivos para las provincias más ricas.
Los Senadores Martínez y Díaz representan a la Provincia de Tierra del Fuego, una de las provincias argentinas con más urgencias; menor capacidad productiva y mayor dependencia a este esquema de redistribución federal. Como tales, entieden bien la necesidad que las provincias más chicas tienen por las asignaciones del Gobierno Federal y si bien no hicieron prevalecer esto a la hora de votar en contra de la 125, hicieron primar el interés de su provincia al votar en favor de la nacionalización de Aerolíneas Argentinas y vieron con buenos ojos la transferencia del 30% de lo recaudado en concepto de Retenciones hacia el fondo federal coparticipable.
Algunos dirán que esto se llama "cooptar", para nosotros esta negociación entre el Gobierno Federal y las Provincias se llama Federalismo.
Lo que no tiene nada que ver con el Federalismo es la prédica autonomista de un personaje oriundo de una de las provincias más ricas y con mayor población -la Provincia de Entre Ríos- cuya idea de Federalismo implica que todo lo que produce Entre Ríos debe volver a Entre Ríos, y Tierra del Fuego debe vivir de sus propios recursos como si no perteneciera a una República Federal. Todo esto ante la mirada de un Gobierno Federal sin atribuciones para hacer nada al respecto.
Para nosotros esto no se llama Federalismo, se llama Unitarismo Pajuerano y es el Unitarismo que predican los más privilegiados que por una circunstancia casual nacieron en el interior y no cerca del puerto.
Pero claro, a quién le importa lo que diga un humilde justicialista libertario -personaje imposible en otro lugar que no sea Gerli- si resulta una ociosa carga para nuestros pujantes gauchistos golpistas del interior "bien".