
Hoy murió una parte de mi juventud. 7 años para ser más preciso.
En vez de dedicarse a hacer la plancha y dejar pasar, trató de gobernar este país imposible y por eso sacrificó durante 7 años de deterioro su salud, su vida, su universo. Y así murió, como un perro. Esto es lo que hace este país inviable y mal agradecido con los hombres que con alguna cuota de obstinada grandeza tratan de cambiarlo: los mata como perros y después los llora con cinismo.
Néstor fue más que un presidente. Néstor fue la cuota de Peronismo que me tocó vivir con mi -cada vez menos- corta edad. Todo eso que me contó mi vieja, esa tradición hermosa de lucha y convicciones en una familia quebrada y sin tradiciones, que me identifica desde chico. Todo eso a lo que nos aferrábamos con la candidez del que no tiene nada más que perder, en años en los que siempre se podía perder un poco más.
Gracias Néstor. Gracias por demostrarme que no estaba equivocado, a pesar de que todo indicaba lo contrario. Pero sobre todo, gracias por mostrarle a mi vieja que no fue al pedo todo aquéllo por lo que sufrió hace 30 años (y mi vieja sí que la sufrió). De esa manera la hiciste un poco más feliz.
Gracias a vos vieja, por enseñarme todo eso que desde hace unos años se parece un poco más a la realidad.
El Peronismo existe. Gracias.