Cuenta la leyenda que luego del gol brasileño convertido por Friaca en la final del mundo -Brasil ´50 que enfrentaba al local Brasil contra Uruguay- el capitán uruguayo que en ese entonces era Obdulio Varela (El Negro Jefe) recorrió a paso lento pero seguro los 30 metros que lo separaban de la pelota que descansaba en el fondo de la red y la tomó entre sus manos. Acto seguido la colocó bajo su axila derecha y al mismo paso cruzó hasta la mitad del campo reclamándole al juez de línea un off-side inexistente. De esta forma, los 200.000 espectadores -en su mayoría brasileños- que estallaban en las tribunas del Maracaná, dejaron de mirar al goleador y fueron enmudeciendo al ver cómo el capitán charrúa depositaba la pelota en el centro del estadio y pedía un traductor para discutir con el árbitro (cosa que hizo durante varios minutos). De esta forma logró el objetivo de enfriar el partido y apagar la euforia campeona de Brasil, además de dar ánimos a su equipo y evitar que se desinfle con el marcador adverso. Al reanudar el partido exclamó: "ahora sí, vamos a ganar el partido".
El partido terminó 2 a 1. Cabe agregar que en favor de Uruguay...
Luego Varela recordaría: "...ahí me di cuenta que si no enfriábamos el juego, si no lo aquietábamos, esa máquina de jugar al fútbol nos iba a demoler. Lo que hice fue demorar la reanudación del juego, nada más. Esos tigres nos comían si les servíamos el bocado muy rápido. Entonces a paso lento crucé la cancha para hablar con el juez de línea, reclamándole un supuesto off-side que no había existido, luego se me acercó el árbitro y me amenazó con expulsarme, pero hice que no lo entendía, aprovechando que él no hablaba castellano y que yo no sabía inglés. Pero mientras hablaba varios jugadores contrarios me insultaban, muy nerviosos, mientras las tribunas bramaban. Esa actitud de los adversarios me hizo abrir los ojos, tenían miedo de nosotros. Entonces, siempre con la pelota entre mi brazo y mi cuerpo, me fui hacia el centro del campo de juego. Luego vi a los rivales que estaban pálidos e inseguros y les dije a mis compañeros que éstos no nos pueden ganar nunca, los nervios nuestros se los habíamos pasado a ellos. El resto fue lo más fácil".
Carrió diría que Obdulio Varela mostró su habitual desprecio por las instituciones y el reglamento de la FIFA. Altamira en cambio, dirá que el Negro Jefe con su bonapartismo genético enfrió el partido y sosegó las contradicciones entre Brasil y Uruguay, alejando las posibilidades de una verdadera revolución futbolística. Tumini nos dirá que lo que hizo Varela estuvo bárbaro, pero acá nos resultaría imposible tal hazaña mientras sigamos sosteniéndonos sobre las viejas estructuras corruptas de la Selección Nacional Argentina y la AFA (y no le demos a él los lugares que pide en el plantel titular). Finalmente, Pino Solanas nos dirá que Obdulio es más de lo mismo porque debería haber seguido en su reclamo por el off-side, y de no ser atendido en su reclamo pedir que suspendan el partido declarando a Uruguay campeón moral del mundo.
Afortunadamente Obdulio era negro y peronista, y en lugar de hacerle caso a Carrió, Tumini, Altamira y Pino hizo lo que tenía que hacer: sacó campeón a su equipo y quedó en la historia como el ídolo más grande del fútbol uruguayo. ¿Cuándo se viene el Frente Antiimperialista Negro Jefe en Uruguay? Eso sí que lo respaldaría sin ningún tipo de reservas...


