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martes, 31 de agosto de 2010

CABEZONES

Hoy podíamos ver en 678 al inefable Marcelo Hugo encomiando al gobierno de Cristina y manifestándose sobre la posibilidad de votar a Néstor en caso de que éste vaya a presentarse como candidato a presidente en el 2011. Vana esperanza la del espectador que considere esta muestra de respaldo extemporánea y poco comprometida como garantía alguna de un buen desempeño electoral futuro.

A la inversa, equivocado aquél que considere que el año pasado las elecciones en Pcia. de Bs. As. las perdimos por culpa de las imitaciones en su programa. ¿Tan poderoso es el programa de Tinelli? Sin dudas resulta un cañón publicitario enorme para quien lo pueda pagar, pero incurriría en pensamiento mágico quien creyera que el Show de Videomatch define elecciones. Y en el reino del pensamiento mágico, es más que pertinente pensar que peor daño hizo la lista de Sabatella a las aspiraciones electorales de Néstor Kirchner (aclaro que el Anarka no piensa ni esto ni lo anterior).


¿Por qué se perdieron las legislativas del 2009 en la Provincia de Buenos Aires? ¿Porque no se pudo pagar lo suficiente a Marcelo Hugo para que haga una imitación favorable de Néstor, de Scioli y de Cristina? ¿Alguien repara en lo absurdo que esto suena? (recuerda al patético De La Rúa acusando a Tinelli de lo mismo?

Si no se le pudo ganar al travesti publicitario de Francisco De Narváez fue más por defectos propios que por virtudes ajenas. Sin dudas faltó ajustar algunos aspectos de política social, en el marco de una desaceleración económica que relativizó todo lo avanzado en los años anteriores (anulando el mayor capital electoral del Kirchnerismo por unos meses). ¿Acaso la Asignación Universal por Hijo fue una medida tomada por capricho? ¿Habría habido AUH sin 28/6? Dudoso.

Este déficit de gestión, junto a la inseguridad y otras temáticas que -por buenos o malos motivos- se hicieron lugar en la agenda pública fueron construyendo ese temible 32% que por unos meses pusieron en riesgo todo lo avanzado durante 6 años. Y el tiro de gracia lo dió, sin lugar a dudas, la Vanguardización del Kirchnerismo. Esa idea cuasi elitista -y troska- por la cual elegimos ser una minoría coherente e intensa que lleva adelante una guerra épica contra los Monopolios, que a su vez tienen como rehén a las grandes mayorías populares, sujeto autista que desafortunadamente no entiende las grandes verdades de la semiótica que Forster tan hábilmente desencripta, y que debe ser rescatado a favor o en contra de su voluntad (de lo contrario seguirá votando a los imitadores de Tinelli).


Antes de volver a caer en este error -y remarco que no estamos tan lejos de ello- recordemos que Perón en el ´46 triunfó con todos los medios en contra y en el ´55 se fue con todos los medios a favor (aunque tuvo unos aviones en contra), que ni los medios pueden salvar a Macri de su pésima gestión al mando de la Ciudad Autónoma y por sobre todo, que Duhalde ya intentó allá por el 2005 tinellizar -sin mucho éxito- su campaña electoral en afán de inclinar la balanza para su lado en esa enorme interna justicialista que disputaron en Provincia de Buenos Aires la ahora Presidenta Cristina Fernández de Kirchner y la actual senadora Hilda González de Duhalde. ¿Ah, me van a decir que no se acuerdan? Miren el video!




(Por reirme de esto seguramente me gane una temporada más en el infierno, pero no importa porque soy anarquista y no creo en tales cosas. Además, ¡Qué ritmo que tiene el cabezón!)

domingo, 18 de enero de 2009

6 PALABRAS

"Te acordás hermano qué tiempos aquéllos..."

Aún recuerdo el 2006. Sólo pasaron 3 años. En esos días solariegos llenábamos plazas y ser oficialista era una fiesta. La "pax armada" con los medios de comunicación permitía ser progre (de esos de Palermo) y a la vez apoyar al kirchnerismo, que lucía en sus sienes los laureles de los juicios a represores; la recuperación de la ESMA y la purga de la Suprema Corte de Justicia. La transversalidad era aún una utopía que todavía se olía en el aire.

Eran tiempos gloriosos para el progresismo distrital, que bajo el paraguas de Alberto Fernández gozaba de buena salud y una relación privilegiada con Olivos. La única nube que asomaba en su horizonte era la de Jorge Telerman, que luego de la destitución de Aníbal Ibarra capitalizó la derrota y la encausó en dirección de su propio proyecto político.

Por esos días se estaban debatiendo las candidaturas para las elecciones de Jefe de Gobierno del 2007, que en ese momento parecían un paseo ya que nadie (y me incluyo) contaba con la excelente campaña que dirigió Mauricio Macri. ¿Quién iba a ser el candidato del Kirchnerismo? En aquella época nacionalizar la elección no parecía un error político tan grande como después se demostró.

Ese primaveral año me encontró deambulando por un espacio progresista (mea culpa). Pero claro, nunca dejé de ser el Anarka que hoy escribe, así que mi posición era sumamente complicada. Tanto que propició mi ruptura. Mi lectura fue entonces que el candidato natural era Jorge Telerman, ya que resultaba ser el jefe de gobierno en ejercicio, había demostrado cierta capacidad de gestión y tenía un buen trato con los medios de comunicación. Además, sin estar demasiado pegado al kirchnerismo -reconozcamos que tenía mucho perfil propio- era un personaje con buena llegada a la clase media palermense; simpático al peronismo y por demás potable para los kirchneristas porteños.

Sin embargo, el mayor escollo que tenía el pelado para ser ungido por Olivos era una enemistad inexplicable con Alberto Fernández (el delegado de Kirchner en los asuntos porteños) y justamente, el progresismo distrital por donde yo transitaba. El ibarrismo aún masticaba la bronca de la destitución de su jefe político y hacía de Telerman su chivo expiatorio, acusándolo continuamente de "traidor" mientras era barrido de sus espacios en la administración pública. Como si la propia ineptitud de Ibarra no hubiera tenido nada que ver con la destitución.

Recuerdo que en esa época la jugada fuerte de Alberto para negarle la candidatura al Franchute era candidatear a Daniel Scioli, y naturalmente los ibarristas despechados se plegaban a la opción de Alberto, sedientos de sangre y ansiosos por ajusticiar al "traidor".

(Acá vale hacer una aclaración: Libres del Sur siempre se opuso a la candidatura de Scioli y nunca tuvo buen trato con Alberto Fernández, hay que reconocerlo. Pero esto hace aún más paradójica la actual actitud de Libres, que hoy abandona las huestes del Kirchnerismo para acercarse al espacio progresista que antes defendía la postulación de Scioli y se aferraba al Beto).

Volviendo a nuestro relato, lo que más recuerdo de esos días fue una discusión que tuve con un compañero de aquel espacio (bah, no sé cómo se dice entre progres hoy en día, pero en aquéllos tiempos se decían "compañeros") respecto a la candidatura de Scioli.

Mi posición era muy fuerte en favor de Telerman y traté -en la medida de mis capacidades- de sostenerla con argumentos razonables, o por lo menos políticos (que no siempre es lo mismo). Del otro lado encontraba también una posición inconmovible en favor de Daniel Scioli. La discusión llegó a un punto muerto en el que se agotaron los argumentos y ya ninguno tenía palabras para convencer al otro (cosa que ocurre en el 90% de las discusiones cuando hay posiciones tomadas de antemano). Finalmente, y hastiado de tratar de convencer a alguien que no mostraba ninguna intención de ser convencido, mi interlocutor sentenció la cuestión con 6 palabras que lo dijeron todo y me quedaron marcadas: "Scioli es lo que quiere Néstor...". Una lección de ortodoxia partidaria en movimiento.


Esto me vino enseguida a la mente cuando leí este post de Artemiópolis, y reflexioné. Estas rupturas por "izquierda" realmente tienen poco "izquierda". El ibarrismo porteño no es ni por asomo "la izquierda del kirchnerismo". Nunca plantearon una plataforma más ambiciosa que lo que fue logrando de a poco el kirchnerismo a los tirones. Nunca discutieron temas como la nacionalización de las AFJP o de Aerolíneas Argentinas hasta que el Kirchnerismo tomó la iniciativa, y tampoco se hubieran atrevido a impulsar siquiera una medida tibiamente distributiva como la Resolución 125. Y cuando les tocó ser favorecidos por el oficialismo nacional, eran más papistas que el Papa.

No saquemos el ojo de la pelota. No es una discusión ideológica, es una discusión por poder y espacios de gestión. No niego que haya algo a la izquierda del Kirchnerismo. No sé qué es, aún está por verse, pero sé que no es esto. El progresismo distrital encarnado en el Ibarrismo tiene cómo único interés cuidar sus espacios -siempre apuntando a la supervivencia en capital- y al ver el derrumbe del Kirchnerismo en el distrito huyen despavoridos buscando una posición más cómoda para sobrevivir y esperar a tiempos mejores. No son izquierda, y mucho menos son revolucionarios. Son presupuestívoros, en términos marechalianos. No tienen nada que envidiarle a los intendentes del conurbano (sólo la eficacia que estos últimos tienen en sus respectivos distritos) y a su modo son burócratas, sólo que les da asquito cantar la marcha.

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